sábado, 13 de noviembre de 2010

Los hijos de Ernesto Che Guevara


A las siete de la tarde del 15 de febrero del 1956, en México, nace Hilda Beatriz, hija del matrimonio Guevara-Gadea. La llegada de la niña pone un poco de tranquilidad en la ya desgastada relación de pareja de sus padres.
De gira por los países del Este, en momentos en que se preparaba a partir de Pekín a Moscú, el 17 de noviembre el Che recibirá la noticia del nacimiento de su segunda hija, Aleida Guevara March en La Habana, Cuba, donde nacerá el resto de sus hermanos.
El 20 de mayo de 1962, mientras se desempeñaba como ministro de Industrias de Cuba, nace su primer hijo varón, al que los Guevara llamarán Camilo, en homenaje al legendario amigo y compañero del Che en las campañas por las sierras, Camilo Cienfuegos, quien perdiera la vida trágicamente en un accidente aéreo.
El 14 de junio de 1963 nacerá Celia -el nombre elegido por el Che representa un claro homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre-, cuarto descendiente del Che y tercer hijo del matrimonio Guevara March.
El 19 de marzo de 1964, de su relación con Lidia Rosa López nace el único hijo extramatrimonial que se conoce del Che: Omar Pérez.
A comienzos de 1965. nace Ernesto, el último de sus hijos producto de su relación con Aleida March Torres.

Los padres

Los amigos de Ernesto Che Guevara

Los amigos

 

Amigos de la infancia: en 1933 en el Hotel, "La Gruta" de Alta Gracia, Córdoba, el joven Guevara inicia su amistad con Carlos Ferrer, "El Calica", con quien realizaría su segundo viaje por América. El médico español exiliado González Aguilar que se radica en la misma ciudad, tiene tres hijos, Paco, Juan y Pepe con quienes también compartirá los juegos infantiles y cursará luego el colegio secundario en la ciudad de Córdoba.. Los cuatro viajarán durante años en tren los 35 kilómetros que separan Alta Gracia de la escuela. En el Colegio Nacional Deán Funes, Ernesto conocerá también a los hermanos Granado. El mayor de ellos, Alberto, viajará por América con Guevara y finalmente se radicará en Cuba donde ejercerá su profesión de bioquímico realizando estudios de química y biología. Tomas Granado que tenía la misma edad de Ernesto, lo acompañará como su fiel amigo durante toda la adolescencia.
Alfredo Distéfano: en Bogotá, Colombia, en la gira que realiza el Che junto a Alberto Granado, amenazados ya por la policía con la deportación, los jóvenes concurren a un encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el Millonarios. En esa ocasión Ernesto conoce a Alfredo Distéfano.
Tita Infante: de todos sus amigos, con la que mantuvo una de las relaciones más entrañables y fluidas, fue con Tita Infante, alumna de la facultad de medicina de Buenos Aires, dos años mayor que él e integrante de la Juventud Comunista. El Che mantuvo una permanente correspondencia con Tita, a la que trataba de usted y la que consideraba "su compañera de búsquedas intelectuales". Tita Infante, incapaz de resistir la ausencia de su entrañable amigo, se suicida nueve años después de la muerte del guerrillero argentino.
Ricardo Rojo: Ernesto Guevara conoce, en la Paz, Bolivia, en el transcurso de su segundo viaje por América realizado en 1953 a Ricardo Rojo, un abogado argentino que huyó de la persecución del peronismo y con quien vivirá el espectáculo denigrante de la desinfección de campesinos con DDT en los pasillos del ministerio de Asuntos Agrarios de Bolivia, durante el gobierno de Paz Estensoro, líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Luego de la muerte de Guevara, Rojo escribirá un libro sobre su vida: "Mi amigo El Che".
Compañeros de lucha: la preparación de la invasión a Cuba, desarrollada en México le brindó al Che gran cantidad de afectos, que luego lo acompañaron durante gran parte de las campañas militares hasta La Habana. Algunos vieron el día del triunfo revolucionario, otros no llegaron más allá de la Maestra, El Escambray o Santa Clara donde entregaron la vida en los combates contra los ejércitos batistianos. Otros ni siquiera pudieron formar parte de la expedición, como Alberto Bayo, quien entrenó a los invasores en el manojo de las tácticas guerrilleras, que por lo avanzado de su edad y su gordura, a pesar de ofrecerse como voluntario, no tuvo más remedio que despedir al Granma el día de la partida y saludar desde tierra.
Bastaría citar una frase pronunciada por sus compañeros de lucha en las sierras de Cuba para medir el desprendimiento y el sentido de la amistad que distinguían a El Che. Crespo y Fajardo, aportaban, junto con Guevara un la comida que recibían para luego repartirla equitativamente. Sus compañeros de lucha aseguraron que "El Che lo compartía todo. -relata Crespo-si tenía un caramelo lo partía con una piedra en tres" y lo repartía.
En tiempos en que el Che en retirada de Uvero, cargando con sus heridos y escondido en un bohío con un ataque de asma que lo postra. Ernesto Guevara se encuentra con un hombre llamado David, que era capataz en una plantación de la zona. A pesar del hambre, que se estaba quitando con la ingestión de un limón, ante el ofrecimiento de comida que le hace David, queso, mantequilla y galletas, el che responde que se lo lleve a los heridos que se encuentran en la casa.
Joel Iglesias perteneciente a la tropa comandada por el Che, combate en un camino cubano defendido por unos soldados gubernamentales. Las balas lo alcanzan y cae gravemente herido. Guevara sale corriendo hasta donde estaba su amigo y lo carga sobre sus hombros llevándoselo contra todo riesgo para que su compañero sea atendido. Los guardias que tenían al che en el centro de sus miras no le dispararon al ver la valentía que este demostraba. Al ser tomados prisioneros, esos mismos soldados declararon haber oído que alguien nombraba al que corría como el "Che" y no fueron capaces de dispararle.
Camilo Cienfuegos: Guevara mantuvo una fuerte amistad con Camilo Cienfuegos, basada sobre todo en el respeto y la admiración mutua. En una carta Camilo explica. "Che, hermano del alma. Recibí tu nota y veo que Fidel te ha puesto al frente de la escuela militar, mucho me alegra pues de ese modo podremos contar en el futuro con soldados de primera; cuando me dijeron que venías a hacernos el regalo de tu presencia, ni me agradó mucho, tú has desempeñado papel principal en esta contienda, si te necesitamos en esta etapa insurreccional más te necesita Cuba cuando la guerra termine, por lo tanto bien hace el gigante -refiriéndose a Fidel-en cuidarte. Mucho me gustaría estar siempre a tu lado, fuiste por mucho tiempo mi jefe y siempre lo seguirás siendo; gracias a ti, tengo la oportunidad de ser ahora más útil, haré lo indecible por no hacerte quedar mal. Tu eterno chicharrón".
El 29 de octubre de 1959, desaparece la avioneta cessna que conducía a Camilo de Camagüey a Santa Clara. Después de una búsqueda intensa de la que participa El Che activamente se dan por perdidas las esperanzas de encontrar vivo al cuadro histórico del 26 de julio. El Che pierde en esa oportunidad a uno de sus pocos amigos, quizás el más íntimo y querido. Al recordar el episodio Guevara expresa que a su amigo "Lo mató el enemigo, lo mató porque quería su muerte. Lo mató porque no hay aviones seguros, porque los pilotos no pueden adquirir toda la experiencia necesaria, porque sobrecargado de trabajo quería estar en pocas horas en La Habana...y lo mató su carácter. Camilo no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no pedía una nube detener o torcer una línea trazada".
Fidel, una relación compleja: sería difícil catalogar a Fidel Castro con respecto a la relación afectiva que este mantuvo con Guevara. Se conocieron cuando la significación de la palabra "compañero" valía más que cualquier otra clasificación que pudiera unir a las personas. La admiración que el argentino sintió por el líder cubano queda fuera de toda discusión para amigos y enemigos de Cuba. Se podría afirmar que una parte de Castro vivió permanentemente en el Che y que Fidel quedó profundamente marcado por la forma de ser del Che Guevara. Raúl Castro: con el hermano de Fidel, el Che mantenía buenas relaciones, la idea de la construcción del socialismo cubano los ató de manera particular durante un largo período. De regreso a Cuba, después de su campaña en África, una seria discusión producto del discurso de Guevara en Argel donde el Che rompe con la Unión Soviética pondrá a los hombres en veredas opuestas.
Amigos e intelectuales: es innumerable la lista de personalidades que cruzaron destino con El Che durante su corta pero activa vida. Desde Eduardo Galeano, quien le reprochaba el abandono del fútbol por la práctica del béisbol, pasando por Ernesto Sábato con quien mantuvo correspondencia, hasta el maestro Najdorf con quien Guevara hizo tablas en una partida simultánea en La Habana.
Lo cierto es que de una u otra manera El Che mantuvo algún tipo de contacto con Sartre, Simone de Beauvoir, René Dumont, Charles Bettheim, John Garassi y C Wright Mills. Se entrevistará con el poeta argentino Juan Gelman y con el presidente Arturo Frondizi, primer mandatorio de su país natal con quien se entrevistaría durante la conferencia de la OEA realizada en Punta del Este. De paso por Brasil, donde será condecorado y aclamado por el pueblo, Guevara se entrevistará con Janio Quadros.
En las oficinas del Banco Nacional de Cuba donde Guevara ha sentado su cuartel general de formación intelectual, allí se dedicará por las noches a la lectura, recibirá a Pablo Neruda, que entabla relación con Guevara a través del poeta cubano Roberto Fernández Retamar.
En África: en el Continente Negro, Guevara también cosechará amigos. Agostinno Neto, fundador del Movimiento Popular de Liberación de Angola, Gamal Abdel Nasser, Rais de la República Árabe unida, quien intentaría convencerlo de no ingresar en el Congo y Ahmed Ben Bella, con quien jefe guerrillero argentino construyó una relación verdadera de amistad, basada en una visión política compartida del mundo.
En los países del Este: del bloque socialista, Guevara recogerá muy pocos amigos y muchos conocidos. El Che confió de tal manera en Oleg Daroussenkov, que el argentino llegó a confesarle que le había propuesto casamiento a Hilda Gadea en un gesto de caballerosidad al conocer su embarazo y también porque había bebido demasiado en el momento de la proposición matrimonial.
Argentinos en Cuba: entre las personalidades argentinas que pasaron por Cuba, con quienes Guevara tuvo lazos de amistad combinados con una misma comprensión política, se destacaron John W Cooke, Ricardo Masetti y Rodolfo Walsh.
De todas sus relaciones de amistad, la más fuerte, la que se podría considerar a la luz de la ligazón de afectos sinceros y profundos, es la que mantuvo con Camilo Cienfuergos, quien sin dudas estuvo a la cabeza de la lista del Che.

La infancia de Ernesto Che Guevara

 

Un hecho fortuito determina que el nacimiento de Ernesto Guevara se produzca en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, el 14 de junio de 1928. Sus padres, Celia De la Serna -de ocho meses de embarazo-y Ernesto Guevara Lynch, con las ideas puestas en la compra de un molino, deciden viajar a Buenos Aires para que su primogénito Ernesto naciera "porteño". El barco que los conduce por el río Paraná con destino a la capital de la República Argentina se encuentra a la altura del puerto de Rosario cuando Celia reconoce en su cuerpo las primeras contracciones. La pareja, obligada por las circunstancias, desembarca y se traslada inmediatamente a la casa de unos parientes. Poco después, en la maternidad del Hospital Centenario, un anexo de la Facultad de Medicina, Celia De la Serna da a luz. Después de una corta estadía en la ciudad, la familia Guevara continúa su viaje hacia Buenos Aires.
El ingeniero Guevara es propietario de una plantación de yerba mate en Caraguatay, provincia de Misiones, donde se instala con su familia. El robo de una cosecha entera de hojas de yerba de la plantación de don Ernesto cambia radicalmente la vida de los Guevara. La situación económica se torna crítica. Al poco tiempo, la familia alquila, en Buenos Aires, un departamento en la céntrica Avenida Santa Fe. El ingeniero decide trasladarse a San Isidro, provincia de Buenos Aires, donde forma una sociedad que intenta salvar un astillero que está a punto de quebrar, el negocio resultará un rotundo fracaso. De tal forma, que los primeros años del pequeño Ernesto de desarrollaron entre la espesura de la selva misionera y una de las capitales latinoamericanas más prósperas y pobladas de la época.
En Buenos Aires, el 31 de diciembre de 1929, nace Celia, la primera de las hijas del matrimonio. Ese mismo día Ernesto sufre su primer ataque de tos. Los médicos diagnostican neumonía. En 1931, después de un baño en el río, vuelve a sufrir una crisis en las vías respiratorias. Esta vez los síntomas indican bronquitis. La tos no cede y ante una segunda revisión se detecta en Ernesto bronquitis asmática. La enfermedad persiste y los Guevara consultan a un tercer médico, el diagnóstico final revela asma crónica. El 18 de mayo del mismo año nace Roberto, el tercer hijo de los Guevara. Ana María llegará al mundo el 28 de enero de 1934.
Celia y Ernesto Guevara saben que su hijo tampoco soportará el clima de Buenos Aires, la familia debe tomar una decisión drástica. Córdoba es el lugar recomendado por los médicos y hacia allí parten en 1933, instalándose transitoriamente en Argüello, lugar que abandonan al poco tiempo con rumbo a Alta Gracia, donde Ernesto permanecerá doce años. Esta vez la residencia de los Guevara será el Hotel La Gruta, donde el joven Guevara traba amistad con Carlos Ferrer "El Calica".
Los problemas económicos del ingeniero Guevara mudan nuevamente a la familia a una casa más barata dentro del mismo pueblo; se trata de "Villa Nydia" en donde el pequeño Ernesto aprenderá de su padre, en las interminables horas de postración asmática, los primeros movimientos de un juego que practicará con pasión durante toda su vida, el ajedrez. También por este tiempo recibe de una criada de la familia su primer apodo conocido, "Tete".
En 1936, Franco, en España, se subleva contra la República. Comienza la guerra civil. La familia Guevara vive paso a paso los sucesos que se generan en la península. El padre funda un comité de apoyo a los republicanos. El pequeño Ernesto recita de memoria, en las reuniones familiares, los poemas del chileno Pablo Neruda. "Villa Nydia" se ha convertido en un pequeño centro de seguimiento de los acontecimientos entre republicanos y franquistas y hasta un médico de apellido Aguilar, republicano obligado al exilio, es recibido como huésped junto con sus hijos. En una de las paredes de la habitación de Ernesto cuelga un mapa con banderillas de diferentes colores que marcan las posiciones de las tropas en pugna. Ernesto juega con sus amigos en los fondos de su casa a "la defensa de Madrid". Un terreno cubierto de pastos y flores es transformado en poco tiempo en la réplica de un campo de batalla con trincheras y defensas artificiales. Varios de los niños que intervienen en los "juegos de guerra" resultan heridos, entre ellos Ernesto, que recibe un fuerte golpe en una pierna, producto de la lluvia de piedras que los bandos se arrojan.
En 1937 la familia se cambia a una nueva casa en la misma ciudad. Se trata del chalet "Fuentes", y a los dos años, en 1939, cuando Ernesto tiene ya 11 años, vuelven a mudarse a uno de nombre "Ripamonte".
Celia De la Serna se preocupa en inculcarles a sus hijos la lectura y surge una verdadera pasión en la vida del pequeño Ernesto, que pasa horas encerrado en la biblioteca de su padre leyendo con el mismo entusiasmo tanto "Los tres mosqueteros" o "Robinson Crusoe" como los tratados más profundos de Freud.
Ernesto realiza su primera experiencia laboral a los 13 años. Es contratado por un terrateniente que busca gente para realizar la vendimia. Un ataque de asma lo sorprende en la mitad del trabajo y lo obliga a renunciar. Al reclamar su sueldo, se le paga la mitad de lo acordado. Es tal la indignación que sufre Ernesto, que al llegar a su hogar le pide al padre que regrese con él para "romperle la cara al explotador".
En 1942, Ernesto se inscribe en el Colegio Nacional Deán Funes al que debe viajar todos los días 35 kilómetros en tren. Ese mismo año nace su hermano Juan Martín, quinto y último de los hijos de la familia Guevara
En 1943, la pequeña Celia comienza sus estudios en el Liceo de Señoritas de Córdoba, y el ingeniero Guevara es contratado por un estudio de y lleva a su familia a radicarse en calle Chile 2288 de la capital mediterránea. La infancia de Ernesto Guevara ha terminado.

Preparando la invasión

 

A fines de 1955, después de un corto período en los Estados Unidos donde se dedicó a recaudar fondos para la invasión, Fidel Castro retorna a Ciudad México. Tras él, en pequeños grupos, llegan de toda América Central los cubanos exilados Universo Sánchez; Ramiro Valdés; Norberto Collado; Juan Almeida; Ciro Redondo; Miguel Sánchez, ex combatiente en las filas de los EE. UU. en la guerra contra Corea; Calixto García y Ñico López. A los que se sumarán el italiano Gino; el dominicano Ramón Mejía del Castillo, alias "Pichirlo"; el mexicano Guillén Zabala y el médico argentino Ernesto Guevara -bautizado como el "Che" por el uso que éste hacía de esa palabra, común en el Río de la Plata, antes de dirigirse a alguien-que participarán de la expedición a Cuba. Más tarde, las filas rebeldes alcanzarán los 82 hombres.
Comienza el período de entrenamiento y el redondeo de los planes. Fidel ha establecido su centro de operaciones en la casa de María Antonia González. Empieza a funcionar una organización con responsabilidades bien definidas que intentará derrotar a un ejército regular compuesto por 30 mil hombres, una fuerza de caballería blindada, una marina de guerra incipiente y cerca de 100 aviones entre transporte y combate.
El entrenamiento de los guerrilleros consiste en ejercicios gimnásticos y técnicas de defensa personal a cargo de Arcencio Venegas, un deportista mexicano dedicado a la práctica de la lucha libre, que es presentado al grupo por María Antonia González. Al poco tiempo aparecen los ataques de asma que Ernesto intenta ocultar a sus compañeros. Más tarde llegar

La campaña en Cuba


La participación militar de Ernesto Che Guevara en la Revolución cubana tiene como punto de partida el 25 de noviembre de 1956, cuando, bajo las órdenes de Fidel Castro y junto a otros 80 combatientes, parte desde México a bordo del yate "Granma" rumbo a las costas de la isla caribeña. Incorporado como médico de la expedición, las circunstancias de la guerra de guerrilla y sus propias inclinaciones lo llevarán pronto a dejar de lado toda labor relacionada con la medicina para convertirse no solo en un combatiente consumado sino en uno de los principales jefes de las tropas revolucionarias que derrotan a las fuerzas regulares que defienden al gobierno de Fulgencio Batista. La toma del poder, en enero de 1959, lo encontrará con el grado de comandante. 

Entrevista a Fidel Castro - Clarín 11 de octubre de 2002

PRIMERA NOTA: SU PROYECTO TRAS LA REVOLUCION CUBANA

Un mate en La Habana, y la Argentina en los sueños

En octubre de 1967, casi nueve años después del triunfo de la revolución en Cuba, que protagonizó junto a Fidel Castro, el argentino Ernesto Guevara fue asesinado en Bolivia, donde dirigía a un grupo guerrillero. El "Che" se convirtió en un mito de rebelión en el mundo. Desde hoy y hasta el martes se contarán historias de su vida. Lo hará, entre otros, un periodista de Clarín que lo conoció y trató.


Vale la pena contarlo: el mismo día que llegué a Cuba conocí al Che.

Fue a principios de setiembre de 1959, en vísperas de la designación de Ernesto Guevara como director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), el organismo que debía pensar y ejecutar los cambios revolucionarios en la economía cubana.

Unas tres semanas antes, Guevara había regresado de un largo viaje por España, Egipto, India, Indonesia, Yugoslavia, Ceilán y Japón, entre otros países.

El viaje del Che había comenzado en Madrid y lo convirtió en el agente viajero de los ideales revolucionarios en catorce países en total. En su mayoría formaban parte del grupo de 29 Estados nacionales que en 1955 se habían reunido en Bandung, Indonesia, para afirmar su neutralidad con relación al bloque soviético y a los Estados Unidos enfrentados por la Guerra Fría, al tiempo que proclamaron su respaldo a los movimientos anticolonialistas en Africa y Asia.

Antes de esta gira, Guevara había atravesado un período de mala salud, probablemente a causa de la humedad de su despacho en la fortaleza del Morro, a la entrada de La Habana. Pero casi tres meses por el mundo lo habían mejorado de sus ataques de asma -que lo perseguían desde chico- y ahora se preparaba para conducir al pequeño equipo de economistas que debía diseñar el programa para la reforma agraria y la industrialización de la isla.

En la antesala de su explosiva designación, Guevara no concedía entrevistas de prensa. Pero esta vez no se trataba de eso: el abogado argentino Carlos Infante, entonces director de Radio Rivadavia y hermano de la médica psiquiatra Tita Infante, amiga y corresponsal de Guevara, había llegado a La Habana con 5 kilos de yerba mate. Habíamos viajado con Infante desde Buenos Aires, junto con los directores de dos radios de provincia, con una escala imprevista en Nueva York. Infante fue quien me dio la noticia:

-El Che nos espera a medianoche.

La medianoche del Che fue a la una de la madrugada. Ahora su oficina estaba en un edificio sin terminar, de catorce pisos, que el dictador Fulgencio Batista había imaginado como sede del Ayuntamiento de La Habana, al costado de un espacio vacío donde después fue trazada la Plaza de la Revolución cubana.

Las paredes, de cemento desnudo, transpiraban copiosamente a esa hora y el encuentro transcurrió en un clima de intimidad que sólo podía explicarse, en aquella peligrosa situación política, por la confianza que el nombre de Tita Infante transmitió al Che apenas fue pronunciado por su hermano.

He olvidado casi todo de aquel encuentro pero recuerdo el mate pasando de las manos de Guevara a las de Infante, y un mapa "Bemporad" de la República Argentina en uno de aquellos muros pelados y sin adornos, apenas tolerables y difíciles de imaginar como el entorno de todos los días.

Guevara tenía entonces 31 años y formaba, con Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, la trilogía emblemática de la Revolución cubana. A pesar de los esfuerzos que en esos momentos hicieron sus enemigos por presentarlo como un comunista sin autocrítica y un aventurero internacionalista sin patria, ya entonces podía verse que él fue, posiblemente, quien comprendió antes que ninguno el mundo terrible que aguardaba a los cubanos y el destino del socialismo real.

Más difícil fue advertir ya en esos momentos, que en los pensamientos de Guevara nunca dejó de aparecer la dolorosa incógnita de la lejana Argentina.

Puedo dar fe de la ansiedad que invadía al Che cuando llegaban noticias argentinas, especialmente durante la torturada presidencia de Arturo Frondizi. Cuando visitó a Frondizi en Buenos Aires, durante la conferencia interamericana de Punta del Este de 1961, Guevara conocía tantos detalles de la situación política local como el mismo Presidente. Le resultaban familiares los nombres de los caudillos militares que acosaban a Frondizi, sabía de memoria cuáles eran los caciques sindicales y, por cierto, estaba al día sobre las posiciones de Perón, cuyas ideas había revisado generosamente, tal vez con el realismo que le impuso su propia experiencia en el poder cubano.

En la agencia informativa Prensa Latina su director, el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, recogía diariamente las noticias de Buenos Aires y las enviaba al Che. Cuando se produjeron levantamientos militares, Guevara se hizo presente en la redacción de Prensa Latina, donde amaneció como otros millones de argentinos: escuchando la radio, tomando mate y usando el teléfono hasta la mañana. Una foto poco conocida lo muestra leyendo las noticias en los equipos de comunicaciones de Prensa Latina.

En 1953, cuando emprendió su definitiva aventura latinoamericana, Guevara escuchó por primera vez en casa de un exiliado antiperonista en La Paz la excitante hipótesis de que el gobierno peronista tal vez podía ser derribado por una invasión desde Bolivia en la frontera con Salta. Perdió la vida catorce años más tarde, cuando intentó establecer en Bolivia un punto de partida para llevar la revolución hasta la Argentina.

Algún tiempo antes, cuando ya era el Che, mantuvo este diálogo con la escritora argentina María Rosa Oliver:

-Bueno, basta. No hablemos más de la Argentina.

-¿Por qué? Si usted la quiere mucho.

-Por eso mismo.

Viernes 11 de octubre de 2002  - Clarin

Estudios de Ernesto Che Guevara


Ernesto habla un excelente francés que le fue transmitido naturalmente por su madre. A causa de su enfermedad, el asma, el Che no concurre a la escuela y es Celia De la Serna quien se encarga de su educación formal concerniente a los grados inferiores de la escuela primaria. El joven Guevara ingresa en el colegio Deán Funes, donde realizará el liceo, y en los últimos años de su educación secundaria planificará el ingreso a la Universidad de Córdoba con el propósito de estudiar ingeniería. Concluidos sus estudios secundarios, durante las vacaciones, Ernesto viaja a Buenos Aires para visitar a su abuela paterna, Ana Lynch. El joven Guevara necesita dinero y con su amigo Tomás Granado toma un curso de "Laborista de Sueldos". Este curso le abrirá las puertas en un organismo del Estado argentino, Vialidad Nacional, que lo envía al interior del país a cumplir tareas administrativas, por las que recibe un sueldo de 200 pesos.
Comienza, en 1945, a recopilar datos que extrae de sus innumerables lecturas e investigaciones, en un cuaderno al que llamó "Diccionario filosófico", en el que desarrolla ideas, anota palabras que le interesa recordar, definiciones y pequeñas biografías de grandes hombres. Esta costumbre de testimoniar en diarios personales lo acompañará durante toda su vida. Ernesto escribe sobre sus viajes, la guerra revolucionaria, su odisea en Bolivia y hasta páginas que describen sus sentimientos hacia María del Carmen Ferreyra, "Chichina", su primer amor.
Enterado de la agonía de su abuela Ana, que ha sufrido un derrame cerebral, Ernesto renuncia a su trabajo y regresa inmediatamente a Buenos Aires para cuidar de la anciana hasta que ésta muere. Es tal la marca que este suceso imprime en la vida del joven Guevara, que abandona la idea de estudiar ingeniería en Córdoba, donde ya había solicitado su matriculación, y se anota, más adelante, en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Este no va a ser el único suceso que llevará a Ernesto a cambiar el rumbo en la elección de sus estudios universitarios. La enfermedad de Celia, su madre, quien fuera operada en 1945 de un tumor maligno en un seno, influirá también en su decisión, y un tercer ingrediente manifiesto resulta de la determinación del Che en acabar con el flagelo del asma que lo persiguió, sin darle tregua, durante toda su vida. La especialidad médica que elige Guevara para realizarse en su vida profesional no es una casualidad. Ernesto se dedicará a investigar las alergias bajo la dirección del profesor Salvador Pisani. Ernesto medico sería entonces la consecuencia directa de la necesidad de curar y curarse.
En su primer año de estudios en la Facultad de Medicina, Ernesto rinde tres materias: anatomía descriptiva, parasitología y embriología, obteniendo las calificaciones de "bueno", "bueno" y "aprobado" respectivamente. No es un alumno sobresaliente, su cabeza, por aquel entonces, parece estar ocupada en el conflicto por el que atraviesan sus padres. Pasa horas encerrado leyendo literatura. A sus estudios universitarios le dedica sólo el tiempo necesario como para aprobar las materias que cursa. El joven participa en torneos universitarios de ajedrez y sigue practicando rugby con su inhalador al borde del campo de juego, al que recurre sin vergüenza cuando los pulmones ya no soportan más las corridas y los forcejeos.
A su regreso del primer viaje por Latinoamérica, el joven Che se lanza a una loca carrera contra el tiempo por la obtención de su título universitario, llega a rendir más de diez materias anuales para lograrlo. El 11 de abril de 1953, Guevara se recibe de médico.
Ernesto no realizará ningún otro aprendizaje formal hasta 1954 cuando, radicado en México, participa como oyente no matriculado en la cátedra dictada por el místico Jesús Silva Herzog, quien fuera uno de los propulsores de la nacionalización del petróleo mexicano. También en este país centroamericano, en el marco de la futura expedición de invasión a Cuba, Guevara dedicará largas horas al estudio del marxismo y el aprendizaje de técnicas militares.
En los últimos meses de 1959, después del triunfo revolucionario, en un intento de acercar a los intelectuales a la revolución, y especialmente a los estudiantes, Guevara comienza una serie de charlas en las casas de altos estudios, para que se discutan propuestas y se apoye a las carreras universitarias que darán más frutos en el futuro inmediato de Cuba. En la Universidad de Las Villas, el Che recibe un título, el de "Pedagogo Honoris Causa". Recibida la distinción, el Che, como era su costumbre, hace pública su humildad en la creencia de que el título recibido era inmerecido "si toda la pedagogía que he ejercido, ha sido la de los campamentos guerreros, la de las malas palabras, el ejemplo feroz". Antes de retirarse de la casa de altos estudios, el comandante invita a los alumnos y autoridades a alcanzar la meta de construir una universidad obrera y campesina.
En 1959, de regreso de su primera gira internacional, designado presidente del Banco Nacional de Cuba, el Che se ve obligado a tomar cursos de matemática y economía tres veces a la semana con Javier Vilaseca, ya que sus conocimientos en materia económica dejaban mucho que desear.
En 1961, poco antes de ser designado como ministro de Industrias, el Che Guevara, lanzando una flecha a modo de indicio político sobre el futuro inminente que se avecinaba sobre los destinos políticos y económicos de Cuba, comienza a estudiar metódicamente el idioma ruso.