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martes, 14 de junio de 2011

Ernesto Che Guevara tendría 83 años, si estuviera con nosotros.

El 14 de Junio se cumplen 83 años del nacimiento de Ernesto Guevara de la Serna, el “Che”, una de las personalidades más importantes y emblemáticas del siglo XX. El paso del tiempo, lejos de apagar los ecos de su gesta, ha engrandecido su figura.



Tal vez porque los problemas que convulsionaban a Latinoamérica en aquellos ’60 continúan irresueltos. Para quienes se interrogan sobre el futuro de nuestra región, el “Che” sigue siendo una figura ineludible. La polémica sobre sus principios y formas de hacer aún se siguen debatiendo: con sólo poner su nombre en un buscador de Internet surgen cientos de sitios y foros de discusión, en todos los idiomas, sobre su acción revolucionaria. Aún es usual al recorrer una ciudad, aquí y en todo el mundo, reconocer su rostro en una pintada callejera, en un afiche, en la televisión o una remera.
Hay quienes que ensayan nuevas lecturas –algunas ligeras y otras mal intencionadas– sobre su acción política con la vana intención de devaluar el mito. Así, señalan al “Che” como idealista, violento o autoritario y, desde la cómoda “lucidez” que brinda la distancia histórica, juzgan lo utópico de sus ideales. Por supuesto, estas posiciones sólo se pueden sostener desde la incomprensión de la época que lo gestó y ocultando las tamañas injusticias que sufría Latinoamérica. A todas ellas se enfrentó el “Che”.
Hay otros que, desde la comprensión de una época y los límites de visión que pudo tener el “Che”, rescatamos su figura como un ejemplo de ética y compromiso, en una época donde aún se creía que era posible cambiar el mundo con un puñado de hombres. La historia del “Che” es también la historia de una generación y la que le siguió, en Latinoamérica y todo el llamado “Tercer Mundo” durante la Guerra Fría. Esta generación jamás interpuso sus intereses privados a la consecución de un mundo justo y libre. La historia del “Che Guevara” es una historia de voluntad y rebeldía que se sostiene a través del tiempo y transforma en un mito que permanente llama y alienta la cotidiana búsqueda, en todo el mundo, en toda época, de un destino solidario

sábado, 13 de noviembre de 2010

Sus matrimonios


De las relaciones amorosas que Ernesto Guevara mantiene durante su vida, solo dos llegarán a ser significativas para él y ambas terminarán en matrimonio. El primero, luego de un accidentado noviazgo que tiene como escenarios a Guatemala y México, con la peruana Hilda Gadea; el segundo, con Aleida March, una combatiente cubana a quien conoce en la última etapa de la guerra revolucionaria contra el dictador Fulgencio Batista.

Reforma universitaria y revolución 17 de octubre de 1959


Estimados compañeros, buenas noches,
Tengo que pedir disculpas al calificado público asistente por la demora en la iniciación de este acto, que es culpa mía y del tiempo que ha estado muy mal en todo el camino, y hemos tenido que parar en Bayamo.
Es muy interesante para mí venir a hablar de uno de los problemas que ha tocado más de cerca a las juventudes estudiosas de todo el mundo; venir a hablar aquí, en una Universidad revolucionaria, y precisamente en una de las más revolucionarias ciudades de Cuba.
El tema es sumamente vasto; tanto es así que varios conferencistas han podido desarrollar diferentes facetas de él. En mi condición de luchador, me interesa analizar precisamente los deberes revolucionarios del estudiantado en relación con la Universidad. Y para eso tenemos que precisar bien qué es un estudiante, a qué clase social pertenece, y si tiene algo que lo defina como entidad o como núcleo, o si simplemente responde en sus reacciones, a las reacciones generales de las diferentes clases a que puede pertenecer. Y entonces nos encontramos con que el estudiante universitario es precisamente el reflejo de la Universidad que lo aloja, porque ya hay limitaciones que pueden ser de diferentes tipos, pero que finalmente son limitaciones económicas que hacen que el estudiantado pertenezca a una clase social donde sus problemas -no sus problemas económicos- no son tan grandes como en otras; pertenece por lo general a la clase media, no aquí en Oriente, en Santiago de Cuba, sino en todo Cuba, y podemos decir que en toda América. Hay naturalmente excepciones -todos las conocemos-; hay individuos de extraordinaria capacidad que pueden luchar contra un medio adverso con una tenacidad ejemplar y llegar a adquirir su título universitario. Pero en general, el estudiante universitario pertenece a la clase media y refleja los anhelos e intereses de esa clase; aunque muchas veces, precisamente en momentos como ahora, la llama vitalizadora de la revolución puede llevarlo a posiciones más extremas. Y eso es lo que tratamos de analizar en estos momentos: las tendencias generales de la Universidad respondiendo al núcleo social del cual sale, y sus deberes revolucionarios para con la comunidad entera.
Porque la Universidad es la gran responsable del triunfo o la derrota, en la parte técnica, de este gran experimento social y económico que se está llevando a cabo en Cuba. Hemos iniciado leyes que transforman profundamente el sistema social imperante: se han liquidado casi de un plumazo los latifundios, se ha cambiado el sistema tributario, se está por cambiar el sistema arancelario, se están creando incluso cooperativas de trabajo industriales; es decir, toda una serie de fenómenos nuevos, que traen aparejados instituciones nuevas, están floreciendo en Cuba. Y todo ese inmenso trabajo lo hemos iniciado solamente con buena voluntad, con el convencimiento de que estamos siguiendo un camino verdadero y justo, pero sin contar con los elementos técnicos necesarios para hacer las cosas perfectamente.
Y no contamos con ellos porque precisamente estamos innovando, y esta institución que es la Universidad estaba orientada a dar a la sociedad toda una serie de profesionales que encajaban dentro del gran cuadro de las necesidades del país en la época anterior. había necesidad de muchos abogados, de médicos; ingenieros civiles había menos, y otras carreras seguían así. Pero nos encontramos de pronto con que necesitamos maestros agrícolas, ingenieros agrónomos, ingenieros químicos, industriales; físicos, incluso matemáticos, y no hay. En algunos casos no existe siquiera la carrera; en otros, está ocupada por un pequeño número de estudiantes que han visto la necesidad de empezar a estudiar cosas nuevas, o simplemente han caído allí porque no había lugar en otra escuela, o porque querían estudiar y no había nada que les gustara exactamente. En fin, no hay una dirección estatal para llenar todos los claros que estamos viendo que existen en la tecnificación de nuestra Revolución.
Y eso nos lleva al centro preciso del problema universitario en cuanto puede tener de conflictivo, en cuanto pueden tener de agresivo, si ustedes quieren, los planteamientos que voy a hacer. Porque el único que puede, en este momento, precisar con alguna certeza cuál va a ser el número de estudiantes necesarios y cómo van a ser dirigidos esos estudiantes de las distintas carreras de la Universidad, es el Estado. Nadie más que él lo puede hacer; por cualquier organismo, por cualquier instituto que sea, pero tiene que ser un instituto que domine completamente todas las diferentes líneas de la producción y esté al tanto también de las proyecciones de la planificación del Gobierno Revolucionario.
Grandes materias que son la base del triunfo de países más avanzados, como las matemáticas superiores y la estadística, prácticamente no existen en Cuba. Para empezar a hacer estadísticas de lo que necesitamos, nos encontramos con que no tenemos estadísticos, con que hay que importarlos, o buscar algunas personas que han desarrollado su especialidad en otros lugares. este es el nudo central del problema; si el Estado es el único organismo o el único ente capaz de dictaminar con algún grado de certeza cuáles son las necesidades del país, evidentemente, el Estado tiene que tener participación en el gobierno de la Universidad. Hay quejas violentas contra ello; incluso se levantan entre las candidaturas estudiantiles en La Habana, casi como cuestión de principio, la intervención o la no intervención del Estado, la pérdida de la autonomía, como llaman los estudiantes. Pero hay que definir exactamente qué significa autonomía. Si autonomía significa solamente que haya que cumplir una serie de requisitos previos para que un hombre armado entre en el recinto universitario para cumplir cualquier función que la Ley le asigne, eso no tiene importancia; no es ese el centro del problema, y todo el mundo está de acuerdo en que esa clase de autonomía se mantenga. Pero si hoy significara autonomía que un gobierno universitario desligado de las grandes líneas del Gobierno Central -es decir: un pequeño Estado dentro del Estado- ha de tomar los presupuestos que el Gobierno le dé y ha de trabajar sobre ellos, ordenarlos y distribuirlos en la forma que mejor le parezca, nosotros consideramos que es una actitud falsa. Es una actitud falsa precisamente porque la Universidad se está desligando de la vida entera del país, porque se está enclaustrando y convirtiéndose en una especie de castillo de marfil alejado de las realizaciones prácticas de la Revolución. Y además porque van a seguir mandando a nuestra República una serie enorme de abogados que no se necesitan, de médicos que incluso no se necesitan en la cantidad en que en estos momentos están ingresando, o de toda una serie de profesiones, por lo menos cuyos programas deben ser revisados para adaptarlos.
Surge entonces, frente a esta encrucijada de dos caminos o siglos, el levantamiento de grupos más o menos importantes, de sectores estudiantiles que consideran como la peor palabra del mundo la intervención estatal o la pérdida de la autonomía. En ese momento, esos sectores estudiantiles, lo digo con responsabilidad y sin ánimo de herir a nadie, están cumpliendo quizá el deber de la clase a que pertenecen, pero están olvidando los deberes revolucionarios, están olvidando los deberes contraídos en la lucha con la gran masa de obreros y campesinos que pusieron sus cuerpos, su sudor y su sangre al lado de los estudiantes en cada una de las batallas que se libraron en todos los frentes del país para llegar a esta gran solución que fue el primero de enero.
Y esta es una actitud sumamente peligrosa. No hoy, no hoy porque no se han definido todavía los campos, porque todavía hay mucha gente que aun herida en sus intereses económicos, cree que la Revolución ha sido un acierto, gente que tiene la virtud de ver mucho más lejos que donde alcanza su bolsillo y ve los intereses de la patria. Pero todo ese pequeño problema, que gira en torno a la palabra autonomía, tiene correlaciones e interrelaciones que van aún mucho más lejos que en nuestra Isla. Desde afuera se van tendiendo las grandes líneas estratégicas encargadas de aglutinar a todos los que sienten que han perdido algo con esta Revolución; no a los esbirros, no a los malversadores o a los miembros del anterior Gobierno, sino a los que quedándose al margen, o incluso apoyando en alguna forma este Gobierno, sienten que han quedado atrás o que han perdido algún bien económico. Toda esta gente está dispersa en distintas capas sociales, y puede manifestar su descontento con toda libertad en el momento que quiera; pero la tarea a que está encaminada en este momento la reacción nacional e internacional es aglutinar todas las fuerzas descontentas contra el Gobierno, y constituirlas en un conglomerado sólido para tener ese frente interno necesario a sus planes de invasión o depresión económica, o quién sabe cuál será.
Y la Universidad, dando batallas a veces feroces, luchando encarnizadamente en torno a la palabra autonomía, como naturalmente luchando encarnizadamente en torno a cuestiones de menor importancia como es la elección de los líderes estudiantiles, están creando precisamente el campo para que se siembre con toda fertilidad esa simiente que tanto anhelan sembrar los reaccionarios. Y este lugar, este lugar que ha sido en las luchas vanguardia del pueblo, puede convertirse en un factor de retroceso si no se incorpora a las grandes líneas del Gobierno Revolucionario.
Y lo que digo no es un análisis teórico de la cuestión ni una opinión festinada; es que esto es lo que ha pasado en la América entera, y los ejemplos podrían abundar considerablemente. Recuerdo en este momento el ejemplo patético de la Universidad de Guatemala que fue, como las Universidades cubanas, vanguardia del pueblo en la lucha popular contra los regímenes dictatoriales, y después, en el Gobierno de Arévalo primero, pero sobre todo en el Gobierno de Arbenz se fueron transformando en focos decididos de lucha contra el régimen democrático. Defendían precisamente lo mismo que ahora se está defendiendo: la autonomía universitaria, el derecho sagrado de un grupo de personas a decidir sobre asuntos fundamentales de la Nación, aun contra los intereses mismos de la Nación. Y en esa lucha ciega y estéril, la Universidad se fue transformando, de vanguardia de las fuerzas populares, en arma de lucha de la reacción guatemalteca. Fue necesaria la invasión de Castillo Armas, la quema en un acto público de un vandalismo medioeval de todos los libros que hablaran de temas que fueran mal vistos por el pequeño sátrapa guatemalteco, para que la Universidad reaccionara y volviera a tomar su lugar de lucha entre las fuerzas populares. Pero el camino perdido había sido extraordinariamente grande, y Guatemala hoy está, como ustedes lo saben, saliendo a medias de aquella situación caótica y buscando de nuevo, entre tropiezo y tropiezo, una vida institucional de acuerdo con las normas democráticas. Ese es un ejemplo palpitante, que todos ustedes recuerdan porque pertenece a la historia de estos días.
Pero es que podríamos ir mucho más lejos en el análisis de la gran conquista de la reforma universitaria del dieciocho que precisamente se gestó en mi país de origen y en la provincia a la cual pertenezco, que es Córdoba; y podríamos analizar la personalidad de la mayoría de aquellos combativos estudiantes que dieron la gran batalla por la autonomía universitaria frente a los gobiernos conservadores que en esa época gobernaban casi todos los países de América. Yo no quiero citar nombres para no provocar incluso polémicas internacionales; quisiera, que ustedes tomaran el libro de Gabriel del Maso, por ejemplo, donde estudia a fondo la reforma universitaria, buscarán en ese índice los nombres de todos aquellos grandes artífices de la reforma y buscarán hoy cuál es la actitud política, buscarán qué es lo que han sido en la vida pública de los países a que pertenecen, y se encontrarán con sorpresas extraordinarias, con las mismas sorpresas con que me encontré yo, cuando creyendo en la autonomía universitaria como factor esencial del adelanto de los pueblos, hice ese análisis que les aconsejo hacer a ustedes. Las figuras más negras de la reacción, las más hipócritas y peligrosas porque hablan un lenguaje democrático y practican sistemáticamente la traición, fueron las que apoyaron, y muchas veces las que aparecen como figuras propulsoras en sus países de aquella reforma universitaria. Y aquí entre nosotros, investiguen también al autor del libro porque también habrá sorpresas por allí.
Todo esto se lo decía para alentarlos precisamente sobre la actitud del estudiantado. Y más que en ningún lugar en Santiago, donde tantos estudiantes han dado su vida y tantos otros pertenecen a nuestro Ejército Rebelde. Nosotros, como tenemos un ejército que es popular y dignidad, a nadie le preguntamos cuál es su actitud política frente a determinados hechos concretos; cuál es su religión, su manera de pensar. Eso depende de la conciencia de cada individuo. Por eso no les puedo decir cuál será la actitud misma de los miembros del Ejército Rebelde. Espero que entiendan bien las líneas generales del problema y que sean consecuentes con las líneas de la Revolución. Tal vez sí, tal vez no.
Pero estas palabras no van dirigidas a ellos, una minoría, sino a la gran masa estudiantil, a todos los que componen este núcleo. Yo recuerdo que tuve una pequeña conversación con algunos de ustedes hace varios meses, y les recomendaba entrar en contacto con el pueblo, no llegar al pueblo como llega una dama aristocrática a dar una moneda, la moneda del saber o la moneda de una ayuda cualquiera, sino como miembro revolucionario de la gran legión que hoy gobierna a Cuba, a poner el hombro en las cosas prácticas del país, en las cosas que permitan incluso a cada profesional aumentar su caudal de conocimiento y unir, a todas las cosas interesantes que aprendieron en las aulas, las quizás mucho más interesantes que aprenden construyendo en los verdaderos campos de batalla de la gran lucha por la construcción del país.
Es evidente que uno de los grandes deberes de la Universidad es hacer sus prácticas profesionales en el seno del pueblo, y es evidente también que para hacer esas prácticas organizadamente en el seno del pueblo necesitan el concurso orientador y planificador de algún organismo estatal que esté directamente vinculado a ese pueblo, o incluso de mucho más de un organismo estatal, pues actualmente para hacer cualquier obra en cualquier lugar de la república, se ponen en contacto tres, cuatro o más organismos, y se está iniciando recién en el país la tarea de planificar el trabajo y de no dilapidar esfuerzos.
Pero centralizando el tema en el estudio, en el derecho a estudiar y en el derecho a elegir una carrera de acuerdo con una vocación, nos tropezamos siempre con el mismo problema: ¿Quién tiene derecho a limitar la vocación de un estudiante por una orden precisa estatal? ¿Quién tiene derecho a decir que solamente pueden salir 10 abogados por año y deben salir 100 químicos industriales? Eso es dictadura, y está bien: es dictadura. Pero ¿es la dictadura de las circunstancias la misma dictadura que existía antes en forma de examen de ingreso o en forma de matrículas, o en forma de exámenes que fueran eliminando los menos capaces? Es nada más que cambiar la orientación del estudio. El sistema en este caso permanece idéntico, porque lo que se hacía antes es tratar de dar los profesionales que iban a salir a la lucha por la vida en las diferentes ramas del saber. Hoy se cambian por cualquier método: examen de ingreso, o una calificación previa; en fin, el método es lo de menos. Y se trata de llevarlo hacia los caminos que la Revolución entiende que son necesarios para poder seguir adelante con nuestra tarea técnica. Y creo que eso no puede provocar reacciones. Y salta a la vista que la integración de la Universidad con el Gobierno Revolucionario no debe provocar reacciones.
No queremos aquí esconder las palabras y tratar de explicar que no, que eso no es pérdida de autonomía, que en realidad no es nada más que una integración más sólida, como la es. Pero esa integración más sólida significa pérdida de la autonomía, y esa pérdida de autonomía es necesaria a la Nación entera. Por tanto, tarde o temprano, si la Revolución continúa en sus líneas generales, encontrará las formas de lograr todos los profesionales que necesita. Si la Universidad se cierra en sus claustros y sigue en la tarea de lanzar abogados, o toda una serie de carreras que no son tan necesarias en este momento (no vayan a pensar que la he agarrado especialmente con los abogados); si sigue en esa tarea, pues tendrán que formar algún otro tipo de organismo técnico. Ya se está pensando en La Habana en hacer un Instituto Técnico de Cultura Superior que dé precisamente una serie de estas carreras, instituto que tendrá una organización diferente a la Universidad quizás, y que puede convertirse, si la incomprensión avanza, en un rival de la Universidad o la Universidad en una rival de esa nueva institución que se piensa crear en la lucha por monopolizar algo que no se puede monopolizar porque es patrimonio del pueblo entero, como es la cultura.
También esas cosas que se están creando en Cuba se han hecho en otros países del mundo, y sobre todo de América. También se han producido esas luchas entre los miembros de organismos, de escuelas técnicas o politécnicas de un grado de cultura por lo general menor y la Universidad. Lo que yo no sé si se ha dicho o si se ha precisado bien claro, es que esa lucha es el reflejo de la lucha entre una clases social que no quiere perder sus privilegios, y una nueva clase o conjunto de clases sociales que están tratando de adquirir sus derechos a la cultura. Y nosotros debemos decirlo para alertar a todos los estudiantes revolucionarios, y para hacerles ver que una lucha de esa clase es sencillamente la expresión de eso que hemos tratado de borrar en Cuba, que es la lucha de clases, y que quien se oponga a que un gran número de estudiantes de extracción humilde adquiera los beneficios de la cultura, está tratando de ejercer un monopolio de clases sobre la misma.
Ahora bien, cuando aquí se hablaba de reformas universitarias, y todo el mundo ha estado de acuerdo en que la reforma universitaria es algo importante y necesario para el país, lo primero que se ha hecho es, por parte de los estudiantes, tomar en cierta manera el control de las casas de estudio, imponer a los profesores una serie de medidas e intervenir en el gobierno de la Universidad en mayor o menos grado. ¿Es correcto? Esa es la expresión de un grupo que ha triunfado, ha triunfado y ha exigido sus derechos después del triunfo. Los profesores -algunos por su edad, otros por su mentalidad incluso- no participaron en la misma medida en la lucha, y los que lucharon y triunfaron adquirieron ese derecho. Pero yo me pregunto si el Gobierno Revolucionario no luchó y triunfó, y no luchó y triunfó con tanto o más encarnizamiento que cualquier sector aislado de la colectividad porque fue la expresión de la lucha toda del pueblo de Cuba por su liberación. Sin embargo, el Gobierno no ha intervenido en la Universidad, no ha exigido su parte en el festín, porque no considera que esa sea la manera más lógica y honorable de hacer las cosas. Llama simplemente a la realidad a los estudiantes; llama al raciocinio, que es tan importante en momentos revolucionarios, y a la discusión, de la cual surge necesariamente el raciocinio.
Ahora se están discutiendo programas de reforma universitaria y enseguida se vuelve la vista hacia las reformas universitarias del año dieciocho, hacia todos los supersabios que traicionaron su ciencia y su pueblo después pero que en el momento en que lucharon por una cosa noble y necesaria como era la reforma universitaria en aquel momento, no conocían nada de nada, eran simples estudiantes que la hicieron porque era una necesidad. Teorizar, teorizaron después, y teorizaron cuando ya tenían un sentido malévolo de lo que habían hecho. ¿Por qué nosotros tenemos entonces que ir a buscar la reforma universitaria en lo que se ha hecho en otros lados? ¿Por qué no tomar aquello sino simplemente como información adicional a los grandes problemas nuestros, que son los que tenemos que contemplar por sobre todas las cosas, a los problemas que existen aquí, que son problemas de una revolución triunfante con una serie de gobiernos muy poderosos, hostiles que nos atacan, nos acosan económicamente y a veces también militarmente; que riegan de propaganda por todo el mundo una serie de patrañas sobre este Gobierno, de un Gobierno que ha hecho la reforma agraria en la misma manera que yo aconsejo hacer la reforma universitaria, mirando hacia adelante pero no hacia atrás, tomando como simples jalones lo que se había hecho en otras partes del mundo, pero analizando la situación de nuestro propio campesino; que ha hecho una reforma fiscal y una reforma arancelaria, y que está ahora en la gran tarea de la industrialización del país, de este país de donde hay que sacar entonces los materiales necesarios para hacer nuestra reforma; de un país donde se reúnen los obreros que no han logrado todas las reivindicaciones y que aspiraron y lógicamente aspiran, y resuelven, en asambleas multitudinarias y por unanimidad, dar una parte de su sueldo para construir económicamente al país; de un Gobierno Revolucionario que lleva como bandera de lucha a la Reforma Agraria, y que la ha impulsado de una punta a la otra de la Isla, y que constantemente sufre porque no tiene los técnicos necesarios para hacerla, y porque la buena voluntad y el trabajo no suple sino en parte esa deficiencia, y porque cada uno de nosotros debemos volver sobre nuestros pasos constantemente y aprender sobre el error cometido, que es aprender sobre el sacrificio de la Nación.
Y cuando tratamos de buscar a quien lógicamente nos debe apoyar, a la Universidad; para que nos dé los técnicos, para que se acople a la gran marcha del Gobierno Revolucionario, a la gran marcha del pueblo hacia su futuro, nos encontramos con que luchas intestinas y discusiones bizantinas están mermando la capacidad de estos centros de estudios para cumplir con su deber de la hora. Por eso es que aprovechamos este momento para decir nuestras verdades quizás agrias, quizás en algunas cosas injustas, muy molestas quizás para mucha gente, pero que transmite el pensamiento de un Gobierno Revolucionario honesto, que no trata de ocupar o de vencer una institución que no es su enemiga, sino que debe ser su aliada y su más íntima y eficaz colaboradora; y que busca precisamente a los estudiantes porque nunca un estudiante revolucionario puede ser, no enemigo, ni siquiera adversario del Gobierno que representamos; porque estamos tratando en cada momento de que la juventud estudiosa, aúne al saber que ha logrado en las aulas el entusiasmo creador del pueblo entero de la República y se incorpore al gran ejército de los que hacen, dejando de lado esta pequeña patrulla de los que solamente dicen.
Por todo eso he venido aquí, más que a dar una conferencia, a presentar algunos puntos polémicos, y a llamar, naturalmente, a la discusión, todo lo agria, todo lo violenta que se quiera, pero siempre saludable en un régimen democrático, a la explicación de cada uno de los hechos, al análisis de lo que está sucediendo en el país, y al análisis de lo que sucedió con los que mantuvieron las posiciones que hoy mantienen algunos núcleos estudiantiles.
Y para finalizar, un recuerdo a los estudiantes interesados en estos problemas de la reforma universitaria: investiguen la vida futura, futura pero ya pasada, desde el momento en que se inició la reforma del dieciocho hasta ahora; investiguen la vida de cada uno de aquellos artífices de la reforma. Les aseguro que es interesante. Nada más.

Los viajes de Ernesto Guevara


Los viajes de Ernesto Guevara pueden dividirse fácilmente en dos categorías: los que realiza movido por su espíritu aventurero, como su recorrida por gran parte del territorio argentino a bordo de una bicicleta a la que le había adosado un motor, o sus dos viajes por América Latina en compañía de Alberto Granado y, por otra parte, las giras que lleva a cabo como representante de la Revolución Cubana ante otros países u organismos internacionales.

La Argentina sobre dos ruedas

 

En 1949, mientras cursaba su segundo año en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, el joven Ernesto decide lanzarse a la aventura y recorrer las provincias Argentinas de Santa Fe, el norte de Córdoba y el este de Mendoza. Su ingenio le permite adaptar un motor de fabricación italiana marca "Cucciolo" a una bicicleta. Ernesto terminará recorriendo casi todo el norte del país y será noticia, por varios días, en una de las revistas deportivas más conocidas de la argentina de aquellos años, "El Gráfico". En cada escala escribía sus notas de viaje en un cuaderno.
En su paso por la provincia de Córdoba, después de un accidente de tránsito del que milagrosamente sale ileso, Ernesto hace amistad con un "linyera", quien lo convenció de tener oficio de peluquero y se ofreció a demostrárselo practicándole un corte gratis. Nacería de este encuentro casual, el apodo de "Pelado" que su amigo Alberto Granado le pondrá al verlo con la cabeza rapada hasta las raíces cuando Ernesto lo visita en el leprosario en el que Granado trabajaba, en el pueblito del Chañar, en las afueras de la capital mediterránea Argentina.
Guevara pasa de Córdoba a la provincia de Santiago del Estero y luego la meta será Tucumán. El plan original se pierde a medida que Ernesto avanza y descubre los paisajes del interior argentino. Siempre hay algo más allá adonde debe llegar, algo nuevo que debe ser descubierto. Cruza La Rioja y visita Mendoza, llega hasta Salta, una de las provincias del noroeste, a más de 2.000 kilómetros de Buenos Aires y su familia.
En 1950, cansado de la situación económica que lo agobia, Ernesto busca trabajo en la marina mercante. Es contratado en los buques de bandera argentina "Anna G.", "Florentino Ameghino", y "General San Martín". En ellos hará travesías destacado como enfermero, desde Comodoro Rivadavia, en el sur argentino, hasta Trinidad y Tobago en el Caribe. También visitará, en cargueros y petroleros, las costas de Brasil y Venezuela. Mientras navega estudia las materias que luego rendirá, en su mayoría como libre, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

El primer viaje por Latinoamérica

 

Cuando Ernesto Guevara pierde su trabajo en la marina mercante, viaja a Córdoba para visitar a su novia María del Carmen "Chichina" Ferreyra. De paso aprovecha para encontrarse con los hermanos Granado. En esa visita a la provincia mediterránea argentina, Ernesto planeará una de las aventuras que marcará definitivamente el perfil que tomará su vida. Junto con su amigo de la infancia Alberto Granado deciden recorrer cinco países sudamericanos montados en una motocicleta Norton de 500 centímetros cúbicos de cilindrada a la que llamaban "La Poderosa II". A fines de 1951 los jóvenes se lanzan a la cruzada.
Granado y Guevara salen de Córdoba hacia Buenos Aires donde se despedirán de los padres de Ernesto. Celia De la Serna le pide a Alberto que traiga al Che de vuelta sano y salvo, para que pueda terminar su carrera de médico. Un tercer tripulante se suma a la aventura. Se trata de un cachorro de perro de policía, al que el Che bautiza con el nombre de "Comeback" y que será el regalo de despedida que el joven le entregará a María del Carmen antes de su partida.
Que el Che le haya puesto "regreso" al presente que entregaría a su novia, indica su intención de regresar algún día. Pero es evidente que algo en él necesita, por algún llamado desconocido que no alcanza a comprender del todo, lanzarse a la aventura, conocer, probar su capacidad frente al asma, su resistencia, su respuesta ante las dificultades extremas. La próxima parada será Miramar, una playa en el litoral atlántico argentino, donde "Chichina" toma sus vacaciones. Ernesto quiere despedirse de la primera y quizás única mujer que realmente amó en su vida. La relación con "Chichina" está documentada por la mano del Che. Ninguna otra relación amorosa de Ernesto ha sido descrita y expresada con tanta claridad como la que él vivió con María del Carmen Ferreyra. Quizá las experiencias en combate, o las responsabilidades políticas que tuvo que asumir, o los cargos públicos que lo pondrían frente a los ojos de miles de personas, no se lo permitieron. Lo cierto es que Ernesto amó sin reservas a María del Carmen Ferreyra.
El joven Guevara pensaba quedarse sólo dos días en la ciudad balnearia y parte recién a la semana. Presiente que el final del noviazgo con "Chichina" está cercano, pero se resiste interiormente a la ruptura. De Miramar a Bahía Blanca y de allí a la cordillera. Pasan unos días en Bariloche, donde el Che recibe una carta de María del Carmen anunciándole la finalización de la relación. Ernesto queda conmovido por la noticia.
El 14 de febrero de 1952 los amigos cruzan la frontera con Chile. El asma no deja tranquilo a Ernesto que debe trabajar para pagar el cruce en barco hacia el país limítrofe. Del lado chileno, los jóvenes ponen rumbo a Osorno montados en su "Poderosa II" que ya comienza a darles dolores de cabeza. En Tenuco, Ernesto y Alberto sufren un accidente en el que "La Poderosa II" se parte al medio. Gastan todo el dinero que tenían en repararla.
Al llegar a Santiago, la motocicleta Norton se rinde y queda abandonada en medio de la soleada capital transandina. Sin dinero y agotados por el viaje, Ernesto Guevara y Alberto Granado se esconden en los baños del buque "San Antonio" que los transportará a Antofagasta. Son descubiertos y obligados a trabajar en la cocina hasta llegar al puerto de destino. En Arica, los jóvenes se despiden de Chile el 23 de marzo de 1952.
En Perú, los amigos caminan hacia la ciudad de Cuzco. Pasan la primera noche en la casa de un campesino que se apiada del cansancio de los jóvenes. A la mañana siguiente, en tren, camiones y autobuses ruinosos repletos de "cholos" continúan el viaje hacia la ciudad sagrada de los Incas. Los jóvenes argentinos descubren paso a paso la miseria y segregación racial a la que es sometido el campesinado peruano de los años cincuenta. Recorren el lago Titicaca y arriban, con los estómagos vacíos y las espaldas rotas, a la milenaria Machu Picchu. En su diario de viaje, Ernesto describe la zona arqueológica peruana con metáforas e imágenes que no repetirá en otros pasajes del escrito. Una realidad muy distinta espera a los amigos en el leprosario de Huambo. Allí conocerán el oprobio en el que viven los internados de aquel hospital miserable que se mantiene gracias a la ayuda de un grupo de vecinos. Camino al leprosario, al que arriban el 14 de abril de 1952, Ernesto sufre un ataque de asma que ni siquiera cuatro inyecciones de adrenalina pueden detener. En Lima, la capital del Perú, el médico Hugo Pesce les consigue alojamiento en el Guía, un centro de atención a leprosos, que es administrado por un grupo de monjas salesianas.
En Pucallpa, a bordo de una embarcación enclenque llamada "La Cenepa", Guevara y Granado comienzan la travesía por el Amazonas peruano. Los acompañará una chica que, según el diario de viaje del Che, comparte conversaciones y cama con los dos amigos. Llegan a San Pablo donde trabajarán unos días en otro leprosario. De allí, en una balsa de troncos con una choza clavada en su centro que construyen los enfermos del hospital, a la que llamarán "Mambo Tango", los jóvenes argentinos continuarán su viaje a través del gran río sudamericano. Navegan durante días disfrutando del exuberante paisaje de la selva. Guevara y Granado se quedan dormidos y derivan sin rumbo llevados por la corriente. Al despertar advierten que están en territorio brasileño. Cruzan el río hacia Colombia y toman contacto por casualidad con el gerente del Independiente Sporting de esa ciudad fronteriza. Los jóvenes son contratados como entrenadores del equipo. Más tarde el Che jugará como guardametas y Granado, al que los colombianos apodarán "Pedernerita", de delantero. Al poco tiempo, con el dinero que cobran por los servicios en el Sporting, parten hacia Bogotá.
La dictadura de Laureano Gómez había militarizado la capital colombiana. Guevara y Granado son detenidos por la policía que amenaza con deportarlos cuando Ernesto, con la intención de dibujar un mapa en la tierra, saca un cuchillo de entre sus ropas. El Che, lejos de aceptar el decomiso del cuchillo, reclama su devolución en varias oportunidades ante las autoridades policiales. Los problemas con los uniformados continúan y los amigos deciden abandonar el país. Colombia deja una mala impresión en los argentinos, que no comprenden la actitud policial, pero menos el comportamiento de la gente que les recomienda constantemente que no se metan en problemas con los cuidadores del orden.
Ernesto Guevara y Alberto Granado cruzan la frontera hacia Venezuela por el río Tachira. La falta de dinero no es el principal problema que deben afrontar, se suma el asma de Ernesto que lo acosa en forma permanente. Los jóvenes han discutido varias veces la posibilidad de que el Che regrese a Buenos Aires. Guevara decide intentar una conexión con un pariente que transporta mercancías entre la capital argentina y Caracas y que podría facilitar el regreso en avión. Granado, por su parte, consigue un puesto como médico en un leprosario de la capital. Si el Che no logra ser transportado, los dos amigos continuarán el viaje hacia México. Ernesto contacta a su tío y éste le facilita el regreso. El Che debe obtener la visa de entrada a los Estados Unidos, pues el avión en el que viajará, cargado con caballos, está obligado a hacer un día de escala en Miami. La escala se transforma en tres semanas de permanencia en territorio de los EE.UU. producto de un desperfecto en uno de los motores del aeroplano. Finalmente Ernesto Guevara aterriza en el aeropuerto argentino de Ezeiza, donde es recibido por sus familiares.
La experiencia acumulada en el viaje ha dejado profundas huellas en Ernesto. Desde su regreso a Buenos Aires comienza a interesarse más en política. Su diario de viaje termina con una frase que será premonitoria. El Che afirma: "Estaré por el pueblo (...) asaltaré las barricadas y trincheras, teñiré en sangre mis armas y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga en mis manos El Che se lanza a una loca carrera contra el tiempo por la obtención de su título de médico. El 11 de abril de 1953 lo consigue. Llega a rendir más de diez materias anuales para lograrlo. Viaja a Córdoba donde Ernesto Guevara se encuentra con María del Carmen Ferreyra, en la villa "La Malagueña" donde juega una última carta en el intento de permanecer junto a esa mujer que significó tanto en su vida; el joven Guevara repite su proposición matrimonial y es rechazado nuevamente. Ernesto toma la decisión de seguir viajando, aparte de su familia, ya no son muchas las cosas que lo atan a la Argentina.

El segundo viaje por Latinoamérica

 

El segundo viaje por Latinoamérica, Ernesto Guevara lo realizará en compañía de su amigo Carlos "Calica" Ferrer a quien conociera en Alta Gracia, en la primera residencia cordobesa que el Che habitara con sus padres, en el Hotel "La Gruta". El 7 de junio de 1953, los amigos parten en un tren en el que recorrerán los tres mil kilómetros que separan Buenos Aires de la frontera con Bolivia ubicada en la provincia argentina de Jujuy. Otro tren los conducirá a La Paz, a la que arriban el 11 de julio, donde los jóvenes alquilarán un cuarto sobre la calle Yanacocha. Bolivia está en pleno proceso revolucionario. Por primera vez en la historia del continente, asalariados, mineros y campesinos derrocan a un Estado militarizado y se adueñan del poder político. El intento de implantar la reforma agraria, la nacionalización de las minas de estaño y la formación de un pequeño grupo de defensa compuesto por milicias populares, le ha costado al pueblo boliviano la vida de más de 2.000 mineros. Paz Estensoro encabeza el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Según Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como El Che", a pesar de la confusión general que todavía reina en La Paz, Guevara logra reconocer tres focos de poder en el MNR. Taibo dice: "A veces -refiriéndose a la reflexión de Ernesto-la percibe como una revolución fallida en la que la corrupción de los dirigentes los acabará arrojando a los brazos del imperialismo. Otras veces no puede dejar de respetar los tremendos combates de los mineros (...). Simpatiza con la reforma agraria, pero no ve quién pueda llevarla hasta el final. En una caracterización del partido triunfante, distingue tres alas. Un ala derecha entreguista y conciliadora representada por Siles Suazo, un centro que está escurriéndose hacia la derecha encabezado por Paz Estensoro y la izquierda encabezada por Lechín, el dirigente de los mineros, piensa que la revolución podrá resistir los embates externos, pero quebrará internamente por causa de las disidencias".
Ernesto Guevara conoce en La Paz a Ricardo Rojo, un abogado argentino que huyó de la persecución del peronismo y con quien vivirá el espectáculo denigrante de la desinfección de campesinos con DDT en los pasillos del ministerio de Asuntos Agrarios de Bolivia. El Che sale de ese país hacia Perú en compañía de Calica y de su reciente amigo Rojo, llevando consigo el presentimiento del futuro fracaso de la revolución y el convencimiento de que aquellos dirigentes que había conocido carecían de la intención moral de transformar la situación de

Los padres de Ernesto Che Guevara

 

Se han encontrado ascendentes de la rama Guevara en suelo americano desde mediados del siglo XVIII. El primer dato preciso se ubica en la figura de don Pedro de Castro y Figueroa que, sin pena ni gloria, gobernó como virrey por el escaso período de un año, sobre los habitantes de la Nueva España. Castro Figueroa tuvo un heredero de nombre Joaquín, quien alcanzó popularidad en la ciudad de Louisiana por haber secuestrado a su esposa. La huella de los Guevara comienza a perderse cuando los hijos de éste y sus descendientes, tentados por la "fiebre del oro" que estalla en San Francisco, se lanzan en su busca y terminan casi inexplicablemente radicándose en la Argentina de los comienzos del siglo XIX.
Los Lynch, como tantos otros irlandeses de su época, salen al mundo escapándole a la persecución religiosa y en busca de nuevos horizontes económicos. Emigran hacia la Argentina cuando la civilización cristiana transitaba ya los últimos años de su siglo XVIII.
El padre del Che, Ernesto Guevara Lynch, constructor que abandonó sus estudios de arquitectura, ya casado y amparado en la seguridad que le otorgaba la herencia recibida de familias de buena posición económica, le dedicó poco tiempo y esfuerzo al desarrollo de su profesión, orientando sus actividades a planificar y desarrollar negocios de distinta monta que terminaron, en su gran mayoría, en rotundos fracasos.
Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como El Che", describe el temperamento y personalidad del ingeniero Guevara de la siguiente manera. "... Lo mejor de su padre, un constructor civil, es que lo expulsaron del Colegio Nacional por haberle dado una bofetada a Jorge Luis Borges, después de que éste lo denunció diciéndole a un maestro: 'Señor, este chico no me deja estudiar'. Ernesto Guevara Lynch -refiriéndose al padre del Che-era un aventurero a medias, estudiante de arquitectura que había dejado la carrera para incursionar en el mundo de los pequeños negocios y sacado la lotería, según él mismo reconocerá, al casarse en Córdoba con Celia, preferida por todos y alcanzada por ninguno". Este hombre despreocupado y de perfil aventurero, se afilia, durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, a La Acción Argentina, un movimiento antifascista que se congrega en el marco del enrarecido clima político de la Argentina de los tiempos de guerra. Su hijo Ernesto participará en la organización como miembro activo, concurriendo a las reuniones del grupo y haciendo trabajos de investigación orientados a detectar la filiación política de los números alemanes, que comenzaron a instalarse en Córdoba.
Las penurias económicas, las mudanzas y las aventuras amorosas extramatrimoniales de don Ernesto desgastaron permanentemente la relación de los Guevara De la Serna. Los amoríos del padre del Che circulan de boca en boca en una sociedad conservadora y condenatoria como la cordobesa anterior a la Segunda Guerra Mundial. Ernesto Guevara Lynch no hace ningún esfuerzo por ocultar sus amoríos. Su relación con la cubana Raquel Hevia, a la que llevó una tarde a su casa, desborda el poder de tolerancia de Celia De la Serna.
En 1948 don Ernesto abandona a su mujer. Al poco tiempo regresa y vuelve a partir. Esta conducta del padre del Che persistirá en el tiempo.
Los Guevara instalan su residencia en Buenos Aires en la calle Aráoz 2180. A partir de este momento, don Ernesto pasa la mayoría de las noches en las oficinas de la calle Paraguay, donde monta un nuevo estudio. Este domicilio capitalino será el último que habitará el Che en la Argentina antes de comenzar su peregrinación por América.
Guevara Lynch padre conoce a la maestra María Erra, a quien contratará como secretaria en su estudio de la calle Paraguay y quien pasará a ser su segunda esposa.
Celia es descendiente del último virrey del Perú, un general de origen vasco llamado José De la Serna e Hinojosa, que fue derrotado en Ayacucho, en 1824, por las tropas del mariscal Antonio José de Sucre. Esta batalla sellaría definitivamente la emancipación de América del Sur.
Los primeros De la Serna se establecen en la Argentina de los comienzos del siglo XVIII. Los ascendientes argentinos de Celia fueron dignos representantes de lo que se dio en llamar "la oligarquía ganadera Argentina" que acumularía, desde los tiempos coloniales, un exuberante poder económico.
Celia De la Serna perdió a sus padres a muy temprana edad y fue criada por su hermana mayor quien fuera esposa del poeta Cayetano Córdoba Iturburu, de filiación comunista.
Desde su juventud, Celia demostró una gran fortaleza de carácter, profundas convicciones y un desprecio acentuado por las normas y preceptos que imperaban en la época. Católica militante primero, liberal y bohemia después, la madre del Che asombraba a su medio social desafiando prohibiciones, reglas y costumbres. Fumaba, se cortaba el pelo como un varón y, quizá su transgresión más audaz, siendo menor de edad se casó, por medio de un ardid, con el que sería el padre del Che. Celia amaba la aventura, el riesgo, la lectura, los viajes, las transgresiones y las situaciones que la ubicaban en el límite de lo permitido. Estas partes profundas de su personalidad y comportamiento fueron los distintivos que la madre del Che prioritó en el momento de educar a sus hijos.
La madre del Che es operada por primera vez de cáncer en un seno en 1945. Con el tiempo, Celia padecerá una segunda operación. Tras sufrir prisión y persecución, es expulsada del hospital donde era atendida de sus dolencias por haberle tocado en suerte ser la madre del Che. Celia De la Serna de Guevara Lynch muere de cáncer cuando su hijo Ernesto combatía en el Congo junto a los sucesores de Patricio Lumumba. Antes de partir hacia Africa, el Che deja una carta de despedida que su madre jamás leerá.
Celia De la Serna y Ernesto Guevara Lynch se relacionan en Buenos Aires siendo estudiantes. Del matrimonio resultan cinco hijos. Ernesto nace el 14 de junio de 1928. El 31 de diciembre de 1929 nace su hermana Celia, la primera de las hijas del matrimonio. El 18 de mayo de 1932 nace Roberto, y Ana María llegará al mundo el 28 de enero de 1934. En 1942 nace Juan Martín, quinto y último de los hijos del matrimonio.

Los hijos de Ernesto Che Guevara


A las siete de la tarde del 15 de febrero del 1956, en México, nace Hilda Beatriz, hija del matrimonio Guevara-Gadea. La llegada de la niña pone un poco de tranquilidad en la ya desgastada relación de pareja de sus padres.
De gira por los países del Este, en momentos en que se preparaba a partir de Pekín a Moscú, el 17 de noviembre el Che recibirá la noticia del nacimiento de su segunda hija, Aleida Guevara March en La Habana, Cuba, donde nacerá el resto de sus hermanos.
El 20 de mayo de 1962, mientras se desempeñaba como ministro de Industrias de Cuba, nace su primer hijo varón, al que los Guevara llamarán Camilo, en homenaje al legendario amigo y compañero del Che en las campañas por las sierras, Camilo Cienfuegos, quien perdiera la vida trágicamente en un accidente aéreo.
El 14 de junio de 1963 nacerá Celia -el nombre elegido por el Che representa un claro homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre-, cuarto descendiente del Che y tercer hijo del matrimonio Guevara March.
El 19 de marzo de 1964, de su relación con Lidia Rosa López nace el único hijo extramatrimonial que se conoce del Che: Omar Pérez.
A comienzos de 1965. nace Ernesto, el último de sus hijos producto de su relación con Aleida March Torres.

Los padres

Los amigos de Ernesto Che Guevara

Los amigos

 

Amigos de la infancia: en 1933 en el Hotel, "La Gruta" de Alta Gracia, Córdoba, el joven Guevara inicia su amistad con Carlos Ferrer, "El Calica", con quien realizaría su segundo viaje por América. El médico español exiliado González Aguilar que se radica en la misma ciudad, tiene tres hijos, Paco, Juan y Pepe con quienes también compartirá los juegos infantiles y cursará luego el colegio secundario en la ciudad de Córdoba.. Los cuatro viajarán durante años en tren los 35 kilómetros que separan Alta Gracia de la escuela. En el Colegio Nacional Deán Funes, Ernesto conocerá también a los hermanos Granado. El mayor de ellos, Alberto, viajará por América con Guevara y finalmente se radicará en Cuba donde ejercerá su profesión de bioquímico realizando estudios de química y biología. Tomas Granado que tenía la misma edad de Ernesto, lo acompañará como su fiel amigo durante toda la adolescencia.
Alfredo Distéfano: en Bogotá, Colombia, en la gira que realiza el Che junto a Alberto Granado, amenazados ya por la policía con la deportación, los jóvenes concurren a un encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el Millonarios. En esa ocasión Ernesto conoce a Alfredo Distéfano.
Tita Infante: de todos sus amigos, con la que mantuvo una de las relaciones más entrañables y fluidas, fue con Tita Infante, alumna de la facultad de medicina de Buenos Aires, dos años mayor que él e integrante de la Juventud Comunista. El Che mantuvo una permanente correspondencia con Tita, a la que trataba de usted y la que consideraba "su compañera de búsquedas intelectuales". Tita Infante, incapaz de resistir la ausencia de su entrañable amigo, se suicida nueve años después de la muerte del guerrillero argentino.
Ricardo Rojo: Ernesto Guevara conoce, en la Paz, Bolivia, en el transcurso de su segundo viaje por América realizado en 1953 a Ricardo Rojo, un abogado argentino que huyó de la persecución del peronismo y con quien vivirá el espectáculo denigrante de la desinfección de campesinos con DDT en los pasillos del ministerio de Asuntos Agrarios de Bolivia, durante el gobierno de Paz Estensoro, líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Luego de la muerte de Guevara, Rojo escribirá un libro sobre su vida: "Mi amigo El Che".
Compañeros de lucha: la preparación de la invasión a Cuba, desarrollada en México le brindó al Che gran cantidad de afectos, que luego lo acompañaron durante gran parte de las campañas militares hasta La Habana. Algunos vieron el día del triunfo revolucionario, otros no llegaron más allá de la Maestra, El Escambray o Santa Clara donde entregaron la vida en los combates contra los ejércitos batistianos. Otros ni siquiera pudieron formar parte de la expedición, como Alberto Bayo, quien entrenó a los invasores en el manojo de las tácticas guerrilleras, que por lo avanzado de su edad y su gordura, a pesar de ofrecerse como voluntario, no tuvo más remedio que despedir al Granma el día de la partida y saludar desde tierra.
Bastaría citar una frase pronunciada por sus compañeros de lucha en las sierras de Cuba para medir el desprendimiento y el sentido de la amistad que distinguían a El Che. Crespo y Fajardo, aportaban, junto con Guevara un la comida que recibían para luego repartirla equitativamente. Sus compañeros de lucha aseguraron que "El Che lo compartía todo. -relata Crespo-si tenía un caramelo lo partía con una piedra en tres" y lo repartía.
En tiempos en que el Che en retirada de Uvero, cargando con sus heridos y escondido en un bohío con un ataque de asma que lo postra. Ernesto Guevara se encuentra con un hombre llamado David, que era capataz en una plantación de la zona. A pesar del hambre, que se estaba quitando con la ingestión de un limón, ante el ofrecimiento de comida que le hace David, queso, mantequilla y galletas, el che responde que se lo lleve a los heridos que se encuentran en la casa.
Joel Iglesias perteneciente a la tropa comandada por el Che, combate en un camino cubano defendido por unos soldados gubernamentales. Las balas lo alcanzan y cae gravemente herido. Guevara sale corriendo hasta donde estaba su amigo y lo carga sobre sus hombros llevándoselo contra todo riesgo para que su compañero sea atendido. Los guardias que tenían al che en el centro de sus miras no le dispararon al ver la valentía que este demostraba. Al ser tomados prisioneros, esos mismos soldados declararon haber oído que alguien nombraba al que corría como el "Che" y no fueron capaces de dispararle.
Camilo Cienfuegos: Guevara mantuvo una fuerte amistad con Camilo Cienfuegos, basada sobre todo en el respeto y la admiración mutua. En una carta Camilo explica. "Che, hermano del alma. Recibí tu nota y veo que Fidel te ha puesto al frente de la escuela militar, mucho me alegra pues de ese modo podremos contar en el futuro con soldados de primera; cuando me dijeron que venías a hacernos el regalo de tu presencia, ni me agradó mucho, tú has desempeñado papel principal en esta contienda, si te necesitamos en esta etapa insurreccional más te necesita Cuba cuando la guerra termine, por lo tanto bien hace el gigante -refiriéndose a Fidel-en cuidarte. Mucho me gustaría estar siempre a tu lado, fuiste por mucho tiempo mi jefe y siempre lo seguirás siendo; gracias a ti, tengo la oportunidad de ser ahora más útil, haré lo indecible por no hacerte quedar mal. Tu eterno chicharrón".
El 29 de octubre de 1959, desaparece la avioneta cessna que conducía a Camilo de Camagüey a Santa Clara. Después de una búsqueda intensa de la que participa El Che activamente se dan por perdidas las esperanzas de encontrar vivo al cuadro histórico del 26 de julio. El Che pierde en esa oportunidad a uno de sus pocos amigos, quizás el más íntimo y querido. Al recordar el episodio Guevara expresa que a su amigo "Lo mató el enemigo, lo mató porque quería su muerte. Lo mató porque no hay aviones seguros, porque los pilotos no pueden adquirir toda la experiencia necesaria, porque sobrecargado de trabajo quería estar en pocas horas en La Habana...y lo mató su carácter. Camilo no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no pedía una nube detener o torcer una línea trazada".
Fidel, una relación compleja: sería difícil catalogar a Fidel Castro con respecto a la relación afectiva que este mantuvo con Guevara. Se conocieron cuando la significación de la palabra "compañero" valía más que cualquier otra clasificación que pudiera unir a las personas. La admiración que el argentino sintió por el líder cubano queda fuera de toda discusión para amigos y enemigos de Cuba. Se podría afirmar que una parte de Castro vivió permanentemente en el Che y que Fidel quedó profundamente marcado por la forma de ser del Che Guevara. Raúl Castro: con el hermano de Fidel, el Che mantenía buenas relaciones, la idea de la construcción del socialismo cubano los ató de manera particular durante un largo período. De regreso a Cuba, después de su campaña en África, una seria discusión producto del discurso de Guevara en Argel donde el Che rompe con la Unión Soviética pondrá a los hombres en veredas opuestas.
Amigos e intelectuales: es innumerable la lista de personalidades que cruzaron destino con El Che durante su corta pero activa vida. Desde Eduardo Galeano, quien le reprochaba el abandono del fútbol por la práctica del béisbol, pasando por Ernesto Sábato con quien mantuvo correspondencia, hasta el maestro Najdorf con quien Guevara hizo tablas en una partida simultánea en La Habana.
Lo cierto es que de una u otra manera El Che mantuvo algún tipo de contacto con Sartre, Simone de Beauvoir, René Dumont, Charles Bettheim, John Garassi y C Wright Mills. Se entrevistará con el poeta argentino Juan Gelman y con el presidente Arturo Frondizi, primer mandatorio de su país natal con quien se entrevistaría durante la conferencia de la OEA realizada en Punta del Este. De paso por Brasil, donde será condecorado y aclamado por el pueblo, Guevara se entrevistará con Janio Quadros.
En las oficinas del Banco Nacional de Cuba donde Guevara ha sentado su cuartel general de formación intelectual, allí se dedicará por las noches a la lectura, recibirá a Pablo Neruda, que entabla relación con Guevara a través del poeta cubano Roberto Fernández Retamar.
En África: en el Continente Negro, Guevara también cosechará amigos. Agostinno Neto, fundador del Movimiento Popular de Liberación de Angola, Gamal Abdel Nasser, Rais de la República Árabe unida, quien intentaría convencerlo de no ingresar en el Congo y Ahmed Ben Bella, con quien jefe guerrillero argentino construyó una relación verdadera de amistad, basada en una visión política compartida del mundo.
En los países del Este: del bloque socialista, Guevara recogerá muy pocos amigos y muchos conocidos. El Che confió de tal manera en Oleg Daroussenkov, que el argentino llegó a confesarle que le había propuesto casamiento a Hilda Gadea en un gesto de caballerosidad al conocer su embarazo y también porque había bebido demasiado en el momento de la proposición matrimonial.
Argentinos en Cuba: entre las personalidades argentinas que pasaron por Cuba, con quienes Guevara tuvo lazos de amistad combinados con una misma comprensión política, se destacaron John W Cooke, Ricardo Masetti y Rodolfo Walsh.
De todas sus relaciones de amistad, la más fuerte, la que se podría considerar a la luz de la ligazón de afectos sinceros y profundos, es la que mantuvo con Camilo Cienfuergos, quien sin dudas estuvo a la cabeza de la lista del Che.